1
Una niña espía a la Madre Teresa
Libro de recreaciones, segunda recreación (1585). María se llama «Gracia» y conversa con «Justa».
[...] codiciosas de ver algo de lo que entendíamos que Dios hacía con ella, la mirábamos algunas veces por entre la puerta de su celda, donde se encerraba, y la veíamos arrebatada, y yo, con mis propios ojos, la vi algunas veces, de donde salía con mucha disimulación, que ya sabes, hermana, cuán recatada fue siempre y con cuánta cautela encubría las grandezas que el Señor le comunicaba. [...] A este tiempo me llamó el Señor a la Religión, viendo y tratando a nuestra Madre y a sus compañeras, las cuales movían a las piedras con su admirable vida y conversación. Y lo que me hizo ir tras de ellas, fue la suavidad y gran discreción de nuestra buena Madre. Y creo verdaderamente que, si los que tienen oficio de llegar almas a Dios, usasen de la traza y maña que aquella santa usaba, llegarían muchas más de las que llegan; que, como nuestro natural es inclinado a buscar contento y a huir del trabajo, pintar la virtud y lo que es servicio de Dios áspero y dificultoso, es atemorizar los flacos que no han probado cuán suave es el padecer por Cristo.
Libro de recreaciones, segunda recreación.
Llegado que fue aquel dichosísimo día para mí, en que el Señor me sacó de Egipto y vine a la Religión, andando en veinte y dos años, día del glorioso san Gregorio Nacianceno, a quien desde aquel día tengo por mi padre y refugio, que fue año de mil quinientos y setenta, a nueve de mayo, no podré decir, carísima hermana, el contento que desde aquel punto el Señor me dio, y hasta el día de hoy ni por primer movimiento me ha pasado por pensamiento de arrepentirme ni tener descontento, antes era tan grande la alegría que tenía en el alma, que muchas veces no podía disimular la risa.
3
«Gobernar un alma, gobernar un mundo»
Consejos que da una priora a otra (1590-1592). Los epígrafes de este tratado son del editor.
Es gobernar un alma, gobernar un mundo, que así llaman al hombre: «mundo abreviado». [...] ¿Será buena prelada la que nada perdona? No, por cierto. ¿Será buena prelada la que nada castiga? No, por cierto. ¿Será buena prelada la que siempre es piadosa? No. ¿Será buena prelada la que siempre es rigurosa? No. [...] ¡Oh, cómo es un artificio y ciencia el de gobernar extremos y ha de ser un prelado blando y riguroso, vengativo y perdonador, largo y escaso, manso y colérico, sufrido y malsufrido, simple y malicioso, presuroso y tardío. Y parece que si algo de esto falta se desconcierta el reloj. [...] Y así será si no hay discreción, que ella compone todas estas partes y hace que cada una sirva a su tiempo y se aplique según la necesidad; y sin discreción todo lo dicho que se tenga no sólo no es de provecho, mas aun dañará, porque no servirá más que de tener muchas armas con que ofender, puestas en mano de un loco. Porque usará del rigor cuando convenga blandura, y perdonará cuando haya de castigar y llagará cuando haya de sanar.
4
Carta de una pobre y presa descalza
Escrita en 1593, desde su encierro, a sus hermanas e hijas, «que por verla así estaban afligidas».
No sé, carísimas hermanas e hijas mías, si dando lugar a la pasión y ternura de mujer, acompañe vuestras lágrimas, o siguiendo la luz del corazón me queje de vuestro sentimiento, pues no se compadece, en ley de la estrecha amistad que nos tenemos, que lloréis vosotras por lo que yo río, ni forméis quejas de quien me hace beneficios. [...] Mas tórnoos a preguntar, carísimas: ¿Porqué os turbáis? ¿Ignoráis, por ventura, la gloria y riqueza de la tribulación, o paréceos cosa nueva y no usada en los hijos de Adán ser afligidos?
[...] Y volviendo a mi bien, os pido, queridas hijas, que no os pese de verme aquí encerrada, ni os aflijáis de que estén todas las puertas cerradas de los medios humanos para mi libertad, [...] pues aquel que lo puede remediar no está ausente. Él lo mira y lo consiente y aun por ventura se alegra de verme, por ver nuestra paciencia; con él podéis hablar; a él me podéis presentar y con él me podréis favorecer. [...] Ellos [los santos presos] entre crueles enemigos, yo entre piadosas hermanas; ellos en cárceles infames, yo en un rincón del cielo donde con tanta piedad soy visitada del ángel que me dieron por guarda. [...]
Y por si ella viniere antes que de esta cárcel salga, quiero que sepan mis amadas hijas y caras hermanas que muero contenta diciendo lo que mi glorioso padre san Gregorio Nazianzeno: Entonces me veré vengada, cuando se salven los que me persiguen. Así sea. Amén. [...] Orad, carísimas, por esta vuestra hermana y sierva, María. Laus Deo.
Ramillete de mirra (1595), comentario al versículo del Cantar de los Cantares 1, 12.
Ramillete de mirra es mi Amado para mí; pondréle entre mis pechos. ¿Qué es esto, esposa santa? ¿Ramillete de mirra amarga llamáis al Amado? [...] Mirad que no es el Esposo de la condición de Adán, que habéis de ir con él a comer de la manzana dulce, sino que es Cristo Jesús, que paga esa dulzura con el amargura y tormento de la cruz; y si la mano de esposas le habéis de dar, el clavo la ha de juntar con la suya. Es Esposo de sangre. [...] Sus galas son escarnios; sus honras, oprobios; sus regalos, azotes; sus músicas, blasfemias; su manjar, hiel; su corona, espinas. [...]
¡Oh mi buen Señor! No es mucho que seáis vos mirra a nosotras, pues nosotras os fuimos hiel, y gustándola Vos, quisisteis quitar de las hijas de Eva el sabor de la manzana que nuestra madre comió. ¡Oh cuán feliz y bienaventurada es la esposa a quien sois mirra puesta entre los pechos; y quién sabrá decir cuánto deleite y dulzura hay en esto que tiene nombre de amargo!
«Pide a sus ojos lágrimas» (Toledo, 1562).
Si algún bien me habéis de hacer,
ojos, ha de ser llorar;
porque me alegra el pesar,
y me entristece el placer.
No os espantéis deste gusto,
ni le juzguéis estragado:
porque pongo mi cuidado
en buscar pena y disgusto.
«Ya toda del Amado» (Malagón, 1571).
Del mundo y su lenguaje ya no hay cosa
que me cause alegría, porque es vano:
de sólo no ofender estoy medrosa
a mi dulce Jesús, Rey soberano,
porque la vida ya me es enojosa,
y toda dilación es inhumano
tormento, cárcel dura: aprisionada
me tiene de mi bien tan apartada.
Mas cuando el alma ya llegó a su centro
do hace amor asiento, y encendida
en amoroso fuego, en un momento
la transforma el amor que le da vida,
fuera de sí con alto entendimiento,
en el divino abrazo recibida,
dice: Mi dulce Amado, ya soy vuestra,
abrace mi cabeza vuestra diestra.
«No tengo cuidado». Resurrección de 1593, en la cárcel conventual de Lisboa (Portugal).
Pues mi Redentor ha resucitado,
de mi libertad no tengo cuidado.
De verle glorioso estoy yo contenta,
breve es esta vida, y de poca cuenta.
El premio quería fuese aventajado,
de mi libertad no tengo cuidado.
No es razón que suene hoy llanto y gemido,
pues alegre vemos a nuestro Querido.
Del sueño de muerte hoy se ha levantado,
de mi libertad no tengo cuidado.
Postrada le entrego todo el corazón,
tome mi Señor libre posesión.
Que a este bien solo siempre he anhelado
de mi libertad no tengo cuidado.